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26. sep, 2011

Moscas Volantes – Manchas negras en el ojo

Moscas Volantes – Manchas negras en el ojo

Los que pasamos incansables horas delante de un ordenador solemos terminar teniendo problemas en la vista (fatiga ocular, necesidad de gafas, etc.) y uno de ellos es tener esas manchitas negras que se mueven dependiendo de a donde dirigimos la mirada. Básicamente son masificaciones que se producen en el humor vítreo (que es el líquido que hay dentro del globo ocular) y que se quedan flotando “dificultando” la visión.

Pues bien, como soy un tío raro, a mi también me ha tocado y esta mañana he ido al hospital a que me miren esas manchitas negras, suponiendo de antemano que me iba a tocar la famosa dilatación de pupilas… y así ha sido. De hecho el ojo que se ve en la cabecera de esta entrada es el mío 20 minutos después de que me echaran las gotitas.

El que haya pasado por este tipo de reconocimientos sabe que el resto del día lo pasas puteado y viendo todo en tonos sepia, porque no contentos con dilatarte la pupila, antes de mirarte el fondo del ojo con una luz cegadora que parece un laser, te echan otras gotas de color amarillo que escuecen un huevo. Yo no he empezado a ver bien hasta las 4 de la tarde (ya podía leer) pero aún escribiendo ésto, me cuesta aún enfocar un poco la vista.

RESUMEN: Mis ojos están bien (aunque el dueño no mucho), y es sólo algo aislado.

Aún así me ha parecido bastante interesante poner una explicación porque si tienes estas manchitas y van a más es aconsejable que le echen un vistazo:

1. ¿Qué son?

En ocasiones, es posible que usted vea pequeños puntitos o nubes que se mueven en su campo visual. Se les denomina moscas volantes. Suelen observarse al mirar un fondo simple, tal como una pared o el cielo azul.

Las moscas volantes son diminutos trocitos de la sustancia gelatinosa o de las células del humor vítreo, el líquido transparente y gelatinoso que llena la cámara interior del ojo.

Aunque estos objetos parecen estar frente al ojo, en realidad flotan en su interior. Lo que usted percibe son las sombras que proyectan en la retina, la cual es la capa de nervios localizada en la parte trasera del ojo y que es sensible a la luz, permitiéndole ver.

Las moscas flotantes pueden tener diferentes formas: pequeños puntos, círculos, líneas, nubes o telarañas.

2. ¿Cuál es la causa de las moscas volantes?

Cuando las personas llegan a una edad madura, el material gelatinoso del humor vítreo puede empezar a espesarse o encogerse, formando aglutinaciones o hebras dentro del ojo. La gelatina vítrea se desprende de la parte trasera del ojo, ocasionando un desprendimiento vítreo posterior. Esta es una causa común de las moscas volantes.

El desprendimiento vítreo posterior es más común entre las personas que:

  • Son miopes.
  • Han sido operadas de cataratas.
  • Se han sometido a cirugía YAG láser en el ojo.
  • Padecen de inflamación en el interior del ojo.

La aparición de moscas volantes puede causar gran preocupación, si ésta es súbita. Si repentinamente desarrolla nuevas moscas volantes, debe consultar de inmediato a un oftalmólogo, especialmente si usted es mayor de 45 años de edad.

3. ¿Podrían ser graves las moscas volantes?

Cuando la gelatina vítrea se encoge y se separa de la pared del ojo, la retina puede desgarrarse. Esto puede ocasionar una pequeña hemorragia en el ojo, lo que puede aparecer como un nuevo grupo de cuerpos flotantes.

Un desgarro en la retina es un problema serio ya que puede convertirse en un desprendimiento de retina. Le recomendamos que consulte de inmediato a su oftalmólogo si:

Repentinamente aparece una nueva mosca volante, incluso si se trata de una sola.
Repentinamente ve centelleos de luz.

Si se percata de otros síntomas, tal como la pérdida de la visión lateral, vuelva a consultar con su oftalmólogo.

4. ¿Qué puede hacerse respecto a las moscas volantes?

Como es importante saber si su retina ha sufrido un desgarro, llame a su oftalmólogo si súbitamente aparece una nueva mosca volante.

A veces, las moscas volantes interfieren con la vista, lo cual puede ser muy molesto, particularmente durante la lectura. Intente mover los ojos, viendo hacia arriba y hacia abajo con el fin de que se aparten de su vista.

Aunque algunas moscas volantes permanecerán en su visión, con el paso del tiempo muchas se tornarán menos molestas. Incluso si ha padecido de ellas durante años, debe someterse a un examen de la vista cada vez que perciba la aparición de nuevas moscas volantes.

5. ¿Cuál es la causa de los centelleos de luz?

Cuando el humor vítreo roza la retina o tira de ella, usted podría ver algo similar a centelleos o rayitos de luz. Quizás se haya experimentado esta sensación si alguna vez ha recibido un golpe en el ojo o “ha visto las estrellas”.

Los centelleos pueden aparecer y desaparecer durante varias semanas o meses y a medida que envejecemos, son aún más comunes. Si percibe centelleos de luz repentinamente, debe consultar inmediatamente a su oftalmólogo para ver si la retina ha sufrido un desgarro.

6. Migraña

Algunas personas experimentan centelleos de luz en ambos ojos con una aparición de líneas dentadas o de “ondas de calor” que pueden durar de 10 a 20 minutos. Esto se debe generalmente a un espasmo en los vasos sanguíneos del cerebro, lo que se conoce como migraña.

Si los centelleos van seguidos de dolor de cabeza, se denominan migrañas cefálicas. Sin embargo, estas líneas dentadas u “ondas de calor” pueden presentarse sin dolor de cabeza. En tal caso, los centelleos se denominan migrañas oftálmicas o migrañas sin dolor de cabeza.

7. ¿Cómo se realiza el examen de sus ojo?

Cuando un oftalmólogo le examina los ojos, las pupilas serán dilatadas usando gotas en los ojos. Durante este reconocimiento indoloro, su oftalmólogo observará la retina y el humor vítreo.
Debido a que sus ojos han sido dilatados, es posible que necesite que alguna persona lo lleve a casa después del examen.

Las moscas volantes y los centelleos de luz se vuelven más frecuentes a medida que envejecemos. Aunque no todos son graves, siempre deberá someterse a un examen médico de los ojos efectuado por un oftalmólogo a fin de asegurarse de no haber sufrido daño alguno en la retina.

Fuente de la información: Consulta Oftalmológica Virtual de La Dra. Laguna

08. sep, 2011

Condenada a cárcel por denunciar en falso de malos tratos a su exmarido en Granada

Condenada a cárcel por denunciar en falso de malos tratos a su exmarido en Granada
Esta es la noticia en cuestión que estoy leyendo en el periódico El Ideal y que me ha dejado completamente asqueado con esta “tipa” por no decirle algo peor:
“Una mujer ha sido condenada a un año y seis meses de cárcel por cometer un delito de falsa denuncia por malos tratos contra su exmarido. El titular del Juzgado de lo Penal número 1 de Granada también ha dictado veredicto contra los padres de la denunciante, a quienes acusa de haber prestado falso testimonio imponiéndole la correspondiente pena de seis meses de prisión. El veredicto aún no es firme, puede recurrirse ante la Audiencia Provincial. No es demasiado habitual encontrar en el acervo jurídico de este país sentencias como la dictada por este juzgado de la capital granadina. Tampoco resulta nada corriente encontrar tal cúmulo de contradicciones en una denunciante como las emitidas por la condenada y sus padres durante la celebración de este juicio. El magistrado no se mordió la lengua para decirlo claro: «Todas las manifestaciones de los acusados en las distintas fases del procedimiento despiden tufo a zafia falsedad», según recoge la resolución judicial.”
Por desgracia este tipo de casos es más común día a día, ya que las mujeres que quieren hacer daño saben de sobra que es un arma que tienen a su favor. Yo, personalmente, lo primero que haría sería designar siempre juezas a los casos de violencia de género machista, ya que al ser mujeres deberían saber que es un arma que pueden usar falsamente.

Lo siguiente sería hacer cumplir a la mujer que haya engañado a la jueza o al jurado a la condena que supuestamente debería haber cumplido el acusado en caso de haberlo declarado culpable. Si la pena asciende a 5 años pues que los cumpla ella MÁS la pena por mentir al tribunal y la pena por difundir infamias sobre una persona*

Tiene narices, con lo feo que es ya un tema de violencia de género, que encima lo uses en contra de una persona para hacer solamente daño. El único daño que consigue así gente como esta tiparraca es que las verdaderas maltratadas pierdan credibilidad ante los medios y los juzgados.

Esta es una lacra social que debe ser erradicada cuanto antes y parece que en vez de eso la sociedad española la normaliza cada día más.

El otro día, no recuerdo quien, me decía que un amigo suyo de fuera del país había venido a pasar unos días a España y que le comentó algo así como “En España se maltrata mucho a las mujeres, no?” Viendo casos como este no me extraña que se hagan una idea equivocada que esta abominación.

*Yo de esto no entiendo, que un abogado eche las cuentas
24. ago, 2011

HISTORIA PERSONAL DE MANU GALA: Lo más terrible y hermoso de mi carrera.

HISTORIA PERSONAL DE MANU GALA: Lo más terrible y hermoso de mi carrera.

Mi padre hace años le dijo una gran frase a mi hermano mayor. Decía algo así:

“Tener hijos es embarcarte en una carrera llena de disgustos, malos ratos, enfados y sustos, para llevarte de vez en cuando una gran alegría.”


El destino es curioso, porque hoy he identificado esa frase con mi trabajo, pero en este caso la alegría ha venido envuelta a su vez por uno de los peores momentos de mi vida.
Hace unas semanas ingresó una paciente en mi servicio. Para guardar el secreto profesional, voy a llamarla Juana. Juana era una mujer anciana, que cumplió la friolera de 91 años en mi servicio, pero que mantenía la cabeza en su sitio (todo un hito para alguien de tan avanzada edad). Nadie estaba engañado en cuanto a su pronóstico, ni el equipo de la planta, ni Juana ni su familia: Cáncer muy extendido, que le ocupaba entre otros cerebro, pulmones, sangre y huesos. Los médicos la pusieron rápidamente bajo cuidados paliativos, y así pasó dos o tres semanas en mi planta. No le daban más de dos meses.
En cuanto a su familia, el que peor parecía llevarlo era su marido. El pobre hombre no quería aceptar la realidad. Es muy difícil aceptar que la mujer con la que has compartido toda tu vida va a abandonar este mundo.
[spoiler]

Ayer por la noche Juana me llamó porque le costaba respirar -algo que le había pasado otras veces-. Estaba con su marido, que tenía el abatimiento reflejado en su cara.
Apliqué el tratamiento que tocaba… y no mejoró. No nos alteramos, llamo a varios médicos y le pongo un tratamiento más fuerte, con corticoides intravenosos entre otras cosas. Además tenía el azúcar algo bajo, así que le puse algo de glucosa en vena. Con una respiración así no vi seguro darle de comer.
Parece calmarse durante un rato, y yo sigo haciendo mi trabajo.
Pero media hora después el marido sale al pasillo: Juana está inconsciente, y su respiración ha empeorado. Entro en modo “emergencia”: Llamo al médico de urgencias y constato el motivo de la inconsciencia: Hipoglicemia a 0.36 g/dl (para los no entendidos, si está por debajo de 0.80 empieza a ser malo, así que imaginad…). En el tiempo que llega el doctor de urgencias controlamos el azúcar y Juana recupera la consciencia. El marido llama a sus hijos.
En resumidas cuentas, el doctor confirmó que la mujer probablemente no pasaría de esa noche. No iba a superar la insuficiencia respiratoria. Y si se paraba, no íbamos a reanimarla ni intubarla. Era lo mejor, hacer lo contrarío nos habría convertido en unos carniceros terapéuticos.
De hecho, si me hubieran pedido asistencia para una intubación, yo me habría negado.
He asistido a muchos pacientes muertos por insuficiencias respiratorias… pero nunca había asistido una persona totalmente consciente y lúcida, como era Juana, en este caso. Una muerte por insuficiencia respiratoria equivale a morir porque tus pulmones se niegan a funcionar.
Llegan dos familiares de ésta -el hijo y el yerno- que se quedan con ella. Suspiré aliviado: al menos el marido de Juana no tendría que soportar eso solo. Le venía demasiado grande.
En las horas siguientes llegó otro grupo de familiares. La pobre Juana sufría, e igualmente lo hacía su familia. No podía permitirme estar fuera de la habitación demasiado rato. Juana siempre se tranquilizaba al verme, y me decía cosas como “Eres un encanto”, o “Éste es Manuel, el salvador de las Baleares”. Si hay algo peor que asistir a una persona moribunda durante varias horas, es que encima te diga cosas así. Sonríes a la paciente, y le dices “Claro que estoy aquí”. Pero con cada una de esas palabras el alma se te va cayendo a los pies. Porque no puedes evitar implicarte emocionalmente con alguien que muestra tanto amor por ti.
La familia me paró varias veces. Me contaron lo mucho que les había hablado Juana de mí: que éramos un encanto, que la tratábamos muy bien, que varias veces yo le había hecho una tisana por la noche a escondidas del médico…. (esto último es cierto).
Y si hay algo que te mueve el corazón de una forma especial es ver que una persona moribunda, que ni siquiera hace un mes que conoces, está agradeciéndote con toda su alma tu trabajo. Me sentí satisfecho por un trabajo bien hecho, alegre por haber ayudado Juana en sus últimos momentos…. desesperado por no poder evitar que muriera porque sus pulmones se negaban a funcionar, y destrozado por el dolor de una familia que no sabían tampoco cómo aliviar a Juana.
Finalmente el doctor de urgencias propuso a la familia dormir a Juana para que no sufriera tanto. Tras discutirlo un rato se lo propusieron a la propia Juana. En palabras textuales:
“Quiero dormir, quiero dormir. Estoy cansada de vivir y sufrir, quiero dormir y que termine.”

Y gracias a Dios, la familia respetó la decisión de Juana. Pero yo no calibré las consecuencias que tendría para mí ese hecho.
Un rato después tuve la prescripción: Midazolan y morfina en jeringa eléctrica. Al momento las preparé, sabía que era lo correcto, y ahora sigo pensándolo. Pero cuando llegué a la habitación, dije: “Ya llego Juana, esto te ayudará a dormir”. Y recordé una conversación que tuve con un estudiante de enfermería en Chile, que era totalmente contrario a la eutanasia.
Este chico me dijo:
“Tú dices estar a favor de la eutanasia, pero llegado el momento no serías capaz de ayudar a alguien a morir.”

Quiero clarificar que lo que ocurrió con Juana no es eutanasia. En términos técnicos se denomina ortotanasia, y consiste en darle a una persona moribunda una cantidad superior de anestésicos o calmantes aun sabiendo que en circunstancias normales es malo para la salud. Y está recogido en la ley y la práctica médica.
Pero las similitudes son evidentes. Aunque, mientras le conectaba las perfusiones, sabía que hacía lo correcto, me resultó duro.
Al momento de empezar el tratamiento, Juana empezó a dormirse. Mi compañera auxiliar y yo la cogimos de las manos ante la familia. Juana nos habló mientras se dormía de lo mucho que le habría gustado visitar Mallorca. Nos dijo que le faltaba su hija pequeña, que no había podido ir a verla. Dijo que qué iba a ser de su marido, y la familia no tardó en decirle que ellos se ocuparían de todo. Yo me aparté y dejé que una de las hijas de Juana, llorando, me sustituyera.
Mi compañera, en un momento, le preguntó:
-¿No vas a ir a Mallorca, Juana?
-No, no iré.
-¿Y dónde irás?

Y Juana ya no respondió, quedó dormida por efecto de la medicación. La pregunta quedó en el aire. El marido de Juana perdió los nervios y abrazó a su esposa en la cama. Mi compañera me preguntó si quería salir… y salí.
Me crucé con un compañero que me preguntó si estaba bien. Negué con la cabeza, no podía hablar, y tampoco me detuve.
Después, a mi espalda me dijo:
-Si quieres te invito a un cigarro.
Me costó unos segundos encontrar la voz para responder.
-Lo que ahora necesito es un pañuelo -le dije.
Fui al baño, necesitaba estar a solas. Y, por primera vez en muchos años, me encontré llorando. Pero en ese momento pensé algo. Pensé: “Soy enfermero, ¡Joder! ¡Andando al trabajo!”. Y mi trabajo en ese momento era estar disponible por si la familia no podía soportar la situación. Era yo quien debería soportarla.
Y lo hice. Me lavé la cara, respiré hondo varias veces, y volví al servicio para hacer mi trabajo.
Juana tardó 20 minutos tras la analgesia en morir. No os voy a engañar diciendo que llegué en medio de un drama alrededor de un cadáver. La familia hasta había metido bien en la cama a Juana, al punto de que parecía estar dormida, y estaban todos serenos. Algún hipido de una de las hijas rompía esa serenidad. El marido de Juana estaba en shock, pero el apoyo de su familia le ayudó mucho.
Ahí ya pasamos a la parte menos melodramática de la historia. Explicar los papeleos a la familia, adecentar a Juana, y otros detalles que no queréis saber.
Pero antes del arreglo, me concedí un buen descanso. Una enfermera de urgencias me cogió, casi literalmente, por las orejas, me llevó fuera y me plantó un cigarro en la boca y un café en la mano.
Papá, mamá, lo siento, pero sí, a veces fumo.
Mi compañera tuvo una urgencia en urgencias (valga la redundancia) y no pudo quedarse. Me quedé fuera solo, con un cigarro en una mano y un café en la otra, pensando en lo que había pasado. Varias veces volví a sentir lágrimas en los ojos, pero supongo que a causa de la presión cultural del “macho español” las contuve. Pasé una buena media hora fuera, y al final volví a mi servicio con una pregunta en la mente:
¿De verdad vale la pena el mal rato que he pasado?

No tardé en tener respuesta. En el pasillo había dos de las hijas de Juana hablando con mi compañera. Cuando me vieron se deshicieron en agradecimientos. Me explicaron lo bien que hablaba Juana de mí, hasta me contaron cosas y anécdotas que yo le había explicado a Juana. ¡Era cierto, no lo decían por cumplir!
Esto me recordó por qué soy enfermero. Un enfermero no es alguien que reparte medicamentos. No es un psicólogo ni un pedagogo. No es un asistente social ni es un médico. Es un poco de cada cosa. La enfermería es un arte dedicado a cuidar de las personas enfermas, a ayudar a personas que necesitan ayuda, y a aliviar el sufrimiento de aquellas que van a morir.
Hoy puedo afirmar, sin lugar a dudas, que he pasado el peor momento de mi vida como enfermero. A la vez que el más hermoso.
Estoy agotado emocionalmente, me voy a dormir. Pero sí tengo algo que decir antes de dejaros: Me encanta mi trabajo.

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27. jul, 2011

Ayuda al cuerno de África – Solidaridad

Ayuda al cuerno de África – Solidaridad

Hoy, en la comodidad de mi salón, sentado frente a un plato de delicioso pollo con patatas y a la espera de llegar al postre, los informativos de la Cuatro espetan: “Y miren ahora esta imagen, seguro que quedará grabada en su retina”, apareciendo en la pantalla ésta:

Miradla bien y que os duela el corazón. Que os duela el alma y os llegue dentro. Que se os caigan las lágrimas y la cara de vergüenza por hacer caso omiso.

Los datos son fáciles: 1.600 millones de Euros para paliar el hambre allí.  VAMOS HOMBRE!! 1.600 millones de Euros no es nada para los paises de la comunidad económica europea. Seguro que Camps robó más en Valencia.

Mirad, os pido colaboración: 50 céntimos, 1 €, 5, 50 ó 500… LO QUE PODAIS. Yo os voy a dejar unos números de cuenta de Cruz Roja. No pongo esta entidad por algo en especial, sino porque es de las más conocidas a nivel internacional. HACED LOS DONATIVOS DONDE OS DE LA GANA, que nadie os lo imponga. Se trata de colaborar y SOLIDARIZARSE, que seguro que a más de uno se le ha olvidado lo que es.

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Gracias a tod@s

Juan A.


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